Déjà vu [El caído] 


Era un imbécil.
Creyó que la realidad era un hecho objetivo y pasó su existencia aferrado a la fe de su escepticismo.
Entoces se disolvió, pero no supo si fue él o la realidad.
Una vez en la nada y sin otra cosa mejor que hacer, se dedicó a fluctuar cuánticamente y en una de dichas fluctuaciones un universo surgió.
Usando una lógica que no conocía pensó que debía ser Dios.
El trompazo que se metió al estamparse en las profundidades del averno le sacó de dudas.
¡ Hay que joderse ! - exclamó.

... Y concentró su odio infinito en la nueva realidad.

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El asceta 
El asceta asesinó al místico. Lo estranguló con sus manos desnudas, faltaría más, porque no soportaba el modo en que secuestraba a la Divinidad para su disfrute personal.
Lo condenaron a muerte y antes de la ejecución renunció a Dios por considerarlo un exceso.
Ni tan siquiera permitió que Lucifer lo recibiera personalmente para felicitarlo por su congruencia. En el purgatorio están hasta los mismísimos de él.
Con almas así nunca van a poder cerrar el chiringuito.

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Susurros del tío Thom 
En el blog Heterodoxias.net hay susurros que me llaman la atención.

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Dípteros 
Llevan una vida relajada. Pertenecen a una familia famosa que sale a menudo en la televisión. No emigraron. Permanecieron allí, en sus tierras, ejerciendo su tarea con elegancia y buen hacer. Contínuamente salen en reportajes y documentales sin inmutarse. Siguen ahí, y acaparan todas las miradas, sorbiendo con parsimonia el saladito del lacrimal en los ojos de los negritos a los que tampoco parece importarles mucho. Pero a nosotros nos da mucho repelús y nos sentimos felices por asesinarlas con insecticida en vez de verlas como lo que son: el complemento natural de millones de personas.

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Nueva página 
Edmundo Balbontín y Onesífora Achúcarro tienen nombres novelescos. Lo cierto es que son dos personajes que intervienen en una novela decimonónica. Él podría ser perfectamente el aventurero agraviado, constante , implacable, osado y con fortuna. Ella la hermosa dama, decidida, educada , leal y de virtud intachable. Desgraciadamente son conscientes de ser dos personajes corales que intercambian frases en tan sólo una página. Sin embargo próximos a acabar su conversación ella le propone su maquiavélico plan para alcanzar el protagonismo que sus nombres merecen en el folletín.
- Escucha atentamente Edmundo - comenta con sigilo.
- ¿Qué pretendes amada mía?
Entonces álguien pasa la página.

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Ramplón 
“Follaba tan mal que en lugar de esperma le salía poesía”. Tras oir esta frase se sintió por completo identificado y decidió hacerse actor porno por ver si extraía algún saber de la experiencia. Se hizo muy popular como actor de películas metafísicas pero seguía follando fatal. Un día una viejecita descarriada le gritó ¡soplapollas! en la calle y comprendió todo. Por mucho que lo intentara no podría cambiar porque todos aquellos que le llamaban “ángel” no era porque fuera su nombre de pila. Y comenzó a odiar las plumas y a todos los seres sexuados, doctores eclesiásticos incluidos.

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En espera: es Navidad 
Cuando apago las luces descubro que la Navidad está instalada en mi domicilio de manera permanente y no es una metáfora. En mi decadente palacio el tiempo se mide por su trabajo "le temps qui passe inexorablement". Los "LEDs" indicadores iluminan todos los rincones. Un destello naranja intermitente señala un portátil recargando aquí, a su vera una luz roja ilumina el esfuerzo titánico de un cargador por restaurar 2500 mA de carga sexual e individual a cuatro tubitos tamaño AA. La PDA que alberga literalmente parte de de mi biblioteca de bolsillo desprende un halo contínuo de un color "bluetooth" precioso sobre una mesa de cristal en perfecta sintonía con los destellos aleatorios que emite la Wii en la esquina opuesta, junto a la constelación del televisor, cuando ha descargado alguna noticia o novedad de la red . Dos teléfonos móviles meditan símbolos incomprensibles aunque deducibles al final de sus cables sobre una estantería del salón mientras los pilotos amarillos de los teléfonos fijos inalámbricos los vigilan de cerca. No necesito bajar a la bodega para saber lo que ahí luce, los viejos servidores con las viejas lucecillas de sus viejos duros y las de sus correspondientes acumuladores y discos externos. Me sorprende el pelotazo lumínico del GPS cuando avisa que su batería está ya cargada; la otra PDA ... ¿por qué la puse ahí a recargar? ¡Ah, sí! la base es muy bonita y destacan sus destellos sobre la cornucopia dorada del recibidor. En el cuarto de baño dos puntos verdes dejan intuir la presencia de unos cepillos de dientes rotatorios dispuestos para amolar esmalte y una inesperada alternancia entre el rojo y el naranja indica que alguien planea llevarse la cámara fotográfica de excursión y no ha perdido el tiempo en buscar una toma de corriente más apropiada que la situada en el área de protección del cuarto húmedo. Por el pasillo varios cargadores de batalla con acumuladores variopintos, B, C, D y A cuádruple, descansan en el suelo. Sus testigos iluminan el trayecto y me recuerdan que soy un "geek", algo parecido a ser mortal pero con más cacharros ... ¿Una "pila de petaca" recargable? debo controlar estos excesos me digo mientras compruebo en el armario de las herramientas que todas estén en sus soportes de carga no vaya a ser que cuando quiera utilizar el destornillador, cualquiera de los taladros o simplemente medir o nivelar algo con el láser me lleve un chasco. Llego al dormitorio y no hay nada, ningún transformador, ningún aparato cargando pilas, paz absoluta. Entonces tengo esa extraña sensación cuando me acuesto. Allí, tumbado en la oscuridad, noto como si me faltara algo, un led, un cable, un conector para que fuera perfecto, y me inquieta pensar en que tal vez no pueda "entrar en standby" hasta la mañana siguiente.

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Portería 
He solicitado un puesto de portero en el edificio colindante. Las ventajas que ofrecía eran evidentes, un ahorro considerable en vivienda del empleado al poder la comunidad ponerla en alquiler, don de gentes, educada presencia, discreta elegancia y conversación ajustable desde el vil cotilleo a la más fina dialéctica científica, conocimiento detallado del barrio y sus gentes. Incluso he presentado el blog como referencia. Todo ha sido inútil.
-¿Qué busca usted, un vecino en estos menesteres?- me han contestado.
-Nos haría sentir incómodos, inadmisible. Un portero es un portero.
Yo sólo buscaba prosperar. Un sueldo fijo, un convenio regulador, una ocupación descansada, un horario cómodo y bajando las escaleras de mi casa al portal. No ha podido ser. No es que me sienta incómodo con mi palacete, mi bodega repleta de caldos, mis salones, mis obras de arte y mi abundante tecnología. Sólo con mi jardín privado ya me conformo pero es que a ellos los veo todos los días en el barrio y, por un momento y con todos los respetos, pensé que tal vez podría vivir algo mejor.

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El chupete 


Aquel chupete lloraba al ser mordisqueado.
Sus lágrimas eran tan amargas que la niña se lo quitó de la boca.
El chupete, aliviado se hinchó todo feliz.
Entonces la pequeña lo mordió de nuevo para descubrir el sabor de la felicidad.

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Almas gemelas 
Siempre había vivido con esa obsesión. Todos los médicos, filósofos y sacerdotes que desde niño le habían examinado le decían que no se preocupara más, que era cosa de nacimiento, una singularidad sin importancia.
Incluso en el corredor de la muerte del penal en donde residía en espera de un indulto se sentía de continuo angustiado por el hecho de que su cuerpo albergara dos almas gemelas.
Hasta el día en que le ejecutaron.
Hoy ya no le preocupa. Vive muy feliz con su mujer y sus tres hijos.
Aunque echa de menos una cosa.
Tan sólo una.

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Punto final 
Lo había hecho. Ante el asombro de la comunidad científica, de la prensa y de la junta extraordinaria de prohombres. Todos ellos incapaces de reaccionar, anonadados ante lo que acababan de escuchar.
Cien palabras. Aquél hombre, que llamaba la atención por su elegante manera de pasar desapercibido, había explicado todo el universo en cien palabras.
Al día siguiente en los medios de todo el mundo figuraba el mismo titular:
¡Quedan cien palabras para el fin del Universo!
Pasó el tiempo y aquél hombre depuró sus cien palabras. Pero la realidad no se deshizo.
No acertó a poner el punto final

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Las dos caras de la verdad 
La verdad estaba harta de tener dos caras y acudió a un cirujano para que le quitara una de ellas. Lo más difícil fue elegir con cuál se quedaría. Solventado el dilema, el doctor se puso manos a la obra. En el justo instante en que separaba el rostro elegido, la verdad murió. Cuando se comunicó al mundo el fatal desenlace, los optimistas entristecieron y los pesimistas se alegraron pero, evidentemente nadie se lo creyó. Bajo el beneplácito de los científicos que estudiaban los rostros vacios de significado en tarros de formol, la filosofía y la lógica depuraban sus argumentos; “ésto es, o no es”.
No pudieron evitar que la fe arrasara el mundo.

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Licor de ideas 
El futurible premio Nobel comprobaba cuál era la temperatura que podía alcanzar un cerebro humano. Practicaba el insomnio como método empírico cuando los pensamientos comenzaron a hervir en su cabeza. Lo malo es que se le escapaban en forma de vapor. Su ayudante gallego le tapó la cabeza con una especie de alambique por ver si lo enfriaba y, ante su sorpresa, comenzó a destilar licor de ideas. La materia prima quedó totalmente irrecuperable pero el licor era contundente. No hace falta decir a quién le dieron el premio. Hasta en la última fila, allá en Estocolmo, olieron su aliento.

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El color del espejo 
Su trabajo y su vida era la información. Pero la información con mayúsculas, objetiva, fidedigna e instantánea. Ante su brillante cometido la gente no podía menos que mostrarse tal y como era; vanidosa, filosófica, narcisa, detallista o despreocupada. Aunque le inquietaban los niños, tan sólo había algo que le asqueaba profundamente: los adolescentes. En éstas cavilaciones se hallaba inmersa la esencia del espejo cuando intervino la náusea. Frente a él y provisto de aparataje dental, surgió el rostro de un joven. Lucía en su frente, con lujosos reflejos nacarados, una inmensa, turgente y perfecta espinilla. Propincua al estallido por pinzamiento.

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Sociobiología 
El sociobiólogo se esforzaba por exponer claramente como había sintetizado la esencia de la metáfora, su funcionamiento, el secreto de su poderosa interacción con los mecanismos de nuestra psique y las bases moleculares que desataban en los flujos de nuestro cerebro. Apenas un momento antes acababa de hacer lo mismo con la influencia del chiste. Pero a ninguna de las eminentes cabezas que le escuchaban les hizo ni puñetera gracia entonces y ahora no entendían nada de sus detalladas explicaciones. Por eso sonrieron aliviados cuando se pegó un tiro ante los presentes, durante un instante. Luego se quedaron absortos y meditabundos.

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El empecinado 
Era un escéptico y tenía la nevera llena de hombrecitos verdes. Se empecinaba en dudar de los videntes, los extraterrestres, Dios, los vampiros, en definitiva de todo lo sobrenatural, irracional, o fantasioso. Pero cuando abría la nevera contemplaba todos aquellos ojos que le escrutaban como diamantes escarchados sobre polos de menta y lo aceptaba con toda naturalidad. Una noche acuciado por la gula abrió su nevera y no los vió. Hace días que el escéptico anda enajenado. Duda de si mismo y contínuamente se pregunta el motivo por el que su razón de ser era verde con destellos de diamantes.

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Inspiración 
Dios descendió a la consulta del médico porque le dolían los hombres. El doctor lo reconoció pero no se atrevió a examinarlo porque se hallaba en pecado así que lo mandó al confesionario para que le recetaran algo. El confesor, concentrado en su tarea no lo reconoció y notándolo ansioso le dijo que inspirara profundamente aunque no le indicó la magnitud con precisión. Inspiró pues Dios y el universo se contrajo quedando sólo el Verbo. Y el Verbo dijo: “ ¡ hágase la luz !”. Y la luz se hizo.
Y Dios entonces se sintió mucho mejor porque ya no le dolía nada.

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Parole, parole parole 
El quiasmo, la metáfora y el oximoron discutían acaloradamente en aquél texto. Todos se disputaban, en ausencia de la paradoja el honor de ser las figuras más apropiadas para discernir la verdad mediante el vano choque de las palabras. La tensión aumentaba tanto que el interletraje comenzó a temblar y las tildes engordaban de pura vanidad. Hasta que rodeado de adjetivos, inmenso, descomunal apareció un tercero pronunciando con con claridad meridiana y cristalina su transparente sentencia:
¡ La verdad soy yo ! - exclamó con firme contundencia, sólidamente anclado e inamovible el pleonasmo.
¡ Vuelve a casa cacho imbécil ! - gritó la duda; su señora.

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Piojitos 
Los piojitos tenian niños enganchados en las patas. Desesperadamente intentaban con sus lanzas liberarse de ellos pero lo único que conseguían era que los niños se rascaran el pelo y los aplastaran. Ante ésta situación las mamás piojos decidieron poner más huevos para reponer su prole ayudando a sus hijos a picar más fuerte para librarse de los malvados niños humanos que los atrapaban con sus cabellos. Pero el intento fué desastroso. Los papás piojos entonces picaron con toda su fuerza y rabia. Apareció el peluquero. Adultos y piojos respiraron con alivio. Menos los niños que recibieron su justo castigo.

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Bola azul 


Un precioso clásico que circula por la red.


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Al sur 
1500 euros y el viaje. Un chollo.
En cambio al otro le dejaban el coche. Un BMW.
Llegó y se hospedo en una pensión.
Llenó el coche de amigotes dispuestos a irse de farra hacia el sur.
Al día siguiente fueron a buscarle y le dieron la herramienta.
Al amanecer, agotado por la juerga no supo reaccionar.
Le dijeron que todas las mañanas volvía por allí.
Ni siquiera paró, siguió huyendo hacia el sur.
El encargo: disparar hasta matarle. Un tiro sobre aquél cuerpo destrozado, tendido en el paso de peatones. Cobrar, y volver a casa, al sur.

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Araña 
Aquel filósofo pensó que si el “yo” era el centro de gravedad del pensamiento, por lógica debía de haber un centro de gravedad de todos los pensamientos que acaecían en el mundo. Gracias a una laboriosa urdimbre matemática compuesta de ciencia y cábalas consiguió ubicarse en él con exacta precisión. Contempló extasiado el insoportable brillo de aquella malla radial que lo atrapaba en su centro inmovilizándole con sus hilaturas. Sintió que se le nublaba la visión aunque no pudo pensar en nada porque la gigantesca araña de la consciencia lo había paralizado por completo para empezar a sorberlo, muy lentamente.

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